

Por Estrella Zaharia, Gerente General Adjunta de Gilat Perú
En las últimas décadas hemos sido testigos de cómo la conectividad ha dejado de ser un lujo o una meta futurista para convertirse en una necesidad estructural. En zonas rurales y dispersas, donde el Estado tradicionalmente ha tardado en llegar, la conectividad no solo abre ventanas al mundo: construye puentes hacia la salud, la educación, la productividad y la ciudadanía.
Desde nuestra experiencia, impulsar un modelo sostenible y a largo plazo en zonas rurales requiere más que buena voluntad del sector privado. Los altos costos de operación en áreas de baja densidad poblacional, la falta de retorno inmediato y las brechas en infraestructura hacen inviable que un solo actor pueda sostener estos proyectos por sí mismo. Por eso, la articulación de alianzas multiactor; entre gobiernos, empresas y organizaciones internacionales, resulta indispensable.
Un modelo de conectividad con propósito, como el que promovemos desde Gilat bajo el enfoque “Telcoplus”, se basa en soluciones híbridas, flexibles y neutras tecnológicamente. Hablamos de integrar redes satelitales, LTE y otras tecnologías adaptadas a las condiciones del territorio. Pero más allá de lo técnico, se trata de entender la conectividad como un habilitador social, como un instrumento real para cerrar brechas de género, mejorar la calidad educativa, facilitar el acceso a servicios de salud o generar nuevas oportunidades económicas para las poblaciones más vulnerables.
Según el Banco Mundial, los programas de reforma digital orientados a zonas rurales han movilizado más de 9.6 mil millones de dólares a nivel global, demostrando que hay una apuesta clara por el desarrollo digital como política pública prioritaria. Pero para que ese impacto sea sostenido, debe ir acompañado de políticas sociales que promuevan la inclusión, regulaciones que incentiven la inversión y marcos estratégicos que aseguren la sostenibilidad a largo plazo.
Hoy, más que nunca, necesitamos mirar la conectividad desde una perspectiva humana. No se trata solo de llevar internet a una comunidad, sino de integrar esa comunidad al país, a la economía y al siglo XXI. Porque donde llega la conectividad, florece el desarrollo.
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